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Momias del Antiguo Egipto: la conservación del cuerpo como inicio del viaje al más allá

Para qué servía la momificación y cómo era el proceso de embalsamamiento
Las momias del Antiguo Egipto son un vestigio de la creencia en el más allá | History

 

A través de la momificación los antiguos egipcios conservaban el cuerpo intacto tras la muerte porque, al evitar la putrefacción, permitían al difunto emprender el viaje al más allá en una larga y dura travesía que acababa en las puertas del inframundo donde Osiris les convertía en divinidades. Las momias del Antiguo Egipto son, además de un fenómeno fascinante, un vestigio de la creencia de los egipcios en el más allá.

La muerte y el más allá en el Antiguo Egipto

El descubrimiento del Libro de los muertos del Antiguo Egipto, un texto que ayudaba al fallecido a realizar con éxito el viaje al más allá cuyo recorrido concluía en el inframundo regido por Osiris y su transformación en divinidad eterna, completó el conocimiento de las creencias religiosas de los egipcios y la importancia de la muerte y el más allá en su cosmovisión.

De hecho, la civilización egipcia es una de las primeras en plantear, a través de las creencias religiosas, la división de la vida en dos dimensiones: una terrenal, temporal y corpórea, y otra divina, eterna y espiritual. Eso implica como momento clave el proceso de transfiguración y divinización del individuo, que se produce en el momento exacto de la muerte.

Por lo tanto, la muerte es un elemento sacralizado que ocupa un lugar central en las creencias individuales de los antiguos egipcios. De todos modos, vida y muerte son dos elementos estrechamente vinculados: según los textos sagrados, sólo aquellos que fueran buenos y piadosos en vida podrían alcanzar el beneplácito de Osiris.

Todo esto explica que la muerte sea también una de las cuestiones centrales de los textos, el arte y los restos arqueológicos del Antiguo Egipto, y dentro de ellos, las pirámides y las momias son dos de los elementos funerarios más interesantes.

La función de la momia en el Antiguo Egipto

Una de las premisas básicas para emprender el viaje hacia el más allá era la conservación del cuerpo, y para ello era imprescindible realizar el proceso de momificación. La momificación, en el Antiguo Egipto, es el proceso artificial mediante el cual se frena la putrefacción del cadáver manteniendo el cuerpo intacto lo máximo posible.

La momificación es sólo un fenómeno más dentro de todo un ritual funerario que, entre otras cosas, incluye el enterramiento del difunto en una cámara funeraria junto a objetos que le van a ser útiles en el más allá. Por eso, a diferencia de la cultura occidental actual, por ejemplo, en el Antiguo Egipto hay un momento en el que la realidad terrenal y el más allá se funden en el espacio-tiempo. Y por eso es imprescindible que el cuerpo se mantenga intacto.

El mismo dios Osiris, según la mitología egipcia, fue embalsamado por su esposa Isis. Con todo, hay que recordar que se trata de una práctica poco extendida, por lo costoso que era y porque en realidad todos esos rituales de la muerte estaban reservados, casi siempre, a las clases nobles y eclesiásticas, los funcionarios y la realeza.

¿Apasionante, verdad? Pues aún hay más: ¿Sabías que no sólo se momificaba a personas, sino también a animales? En el Museo del Louvre, sin ir más lejos, se exponen algunas momias de gatos que se han hallado en algunas tumbas funerarias, pues no era raro que al morir una mascota fuera enterrada con su dueño, o fuera ofrecida al mismo como ritual.

¿Cómo era el proceso de momificación?

De esta forma, apareció en el Antiguo Egipto una auténtica ciencia del embalsamamiento y la momificación, a través del estudio acurado de técnicas para conservar el cuerpo inerte. De hecho costó algunos siglos perfeccionar la técnica, y fue en el Imperio Nuevo cuando se consiguió conservar la expresión de la cara y obtener las momia más bien conservadas.

Durante ese período, el proceso empezaba con la preparación del cuerpo en los talleres de los embalsamadores, para dar paso a un laborioso proceso que duraba alrededor de 70 días y constaba de cuatro fases.

En la primera fase se extraía el cerebro a través de los orificios de la nariz utilizando para ello unos ganchos de bronces, y en su lugar se rellenaba el espacio craneal con una sustancia parecida a la resina, complementada con cera de abeja y aceites vegetales perfumados.

La segunda fase del proceso de momificación consistía en la evisceración, es decir, la extracción de los órganos del cuerpo para evitar la putrefacción.

Para hacerlo, un experto indicaba el lado por donde debía abrirse la caja torácica, acción que se llevaba a cabo con un cortador de piedra afilada. A continuación se sacaban todos los órganos, excepto el corazón y los riñones. Se rellenaba el vacío con vino y especies, y se cosía el cuerpo, manteniendo los órganos cubiertos con lino en unas vasijas.

Se llegaba así al tercer paso, la deshidratación, consistente en llenar el tronco con telas cubiertas de bicarbonato de sodio, carbonato y natrón, minerales que absorbían el agua de los tejidos y durante tres meses aceleraban la desecación del cadáver. Después, se cubría la piel con unos óleos que favorecían su textura flexible.

Como paso final se cubría todo el cuerpo con unas vendas que evitaban la putrefacción, aprovechando para incorporar alrededor de la momia papiros y amuletos sagrados.

Las momias de los faraones de Egipto más importantes

La perfección del proceso de momificación y la conservación del cuerpo dependía de la época, los avances médicos y, también y sobre todo, los medios económicos del fallecido. Por eso las momias mejor conservadas son las de los faraones, pues el emperador era considerado una divinidad en la tierra y tenía unos privilegios especiales.

Las momias mejor conservadas son las de las dinastías XVIII y XIX. Aquí van algunas de las momias de los faraones de Egipto más importantes.

1. La momia de Tutankamón

Sin duda la momia más famosa de Egipto, entre otras cosas por la espectacular máscara funeraria que se encontró junto a otras joyas de alto valor en su tumba, en el Valle de los Reyes. En 1922 Howard Carter y su expedición hallaron la escalera que conducía al enterramiento, pero no fue hasta 1925 que descubrieron la momia al retirar la tapa del tercer y último sarcófago del ajuar funerario.

La momia de Tutankamon es la más famosa de las momias egipcias | History

 

Tutankamón fue el 11º faraón de la dinastía XVIII y curiosamente, aunque es la momia más famosa, el estado de conservación del cuerpo no era el más óptimo, así que no consiguió aislar la gran incógnita sobre las causas de su muerte. Sólo a través de novedosos métodos tecnológicos se consiguió averiguar que el joven rey padecía una enfermedad en los huesos.

Sin embargo, muchas décadas después el hallazgo del tumba de Tutankamón sigue siendo uno de los mayores hitos de la historia de la arqueología, rodeado además de misterio por la muerte repentina de algunos miembros de la expedición, lo que alimentaba la teoría de la maldición de la momia.

2. Ramsés II

Una de las imágenes más escalofriantes por su buen estado de conservación es la de la momia de Ramsés II, descubierta en 1881 por una expedición liderada por Gaston Maspero. El cuerpo, conservado durante más de 3.000 años, mostraba un hombre de unos noventa años con el pelo rojizo, el rostro alargado y una expresión dura y arrogante por los marcados pómulos y una nariz aguileña.

Además, se trata del cuerpo del faraón más célebre e importante del Antiguo Egipto, jerarca de uno de los reinados más prolíficos y expansivos del imperio. Tras su legado, los faraones siguientes tuvieron que limitarse a defender las fronteras del vasto imperio. Fue enterrado como uno de los faraones más longevos en el Valle de los Reyes.

La momia de Ramsés II, el faraón más importante del Antiguo Egipto | Egypt

 

En 1976 ante el deterioro del cuerpo, se estableció su viaje a París donde un equipo de 200 científicos examinaron al detalle la momia. Tras numerosos tratamientos para evitar que los hongos tóxicos siguieran malogrando el cuerpo, finalmente fue conservado en una urna de cristal y enviado de nuevo a Egipto, donde descansa en el Museo del Cairo.

3. Hatshepsut II

El cuerpo de la reina Hatshepsut estuvo durante un siglo en manos de los arqueólogos sin que se pudiera determinar a quién diablo pertenecía. Tras varias pruebas de ADN y análisis mediante escáner, en 2007 se logró descubrir el enigma: se trataba nada más y nada menos que de la faraona Hatshepsut, una de las más importantes de Egipto.

La momia se encontraba en un estado pésimo, hecho que impedía el reconocimiento del cadáver, pero fue un detalle curioso lo que acabó por sacar de dudas a los investigadores: se halló una muela en una vasija funeraria con el nombre de Hatshepsut. Y resulta que encajaba perfectamente en la mandíbula de la faraona. Misterio resuelto.

Gracias a una muela pudo identificarse esta momia como el cadáver de Hatshepsut | Quo-Egypt

 

Hatshepsut II fue una de las dos momias femeninas halladas en 1903 por Howard Carter en el Valle de los Reyes, pero durante mucho tiempo se pensó que el cuerpo en cuestión era el de la nodriza de la faraona. Hatshepsut fue una de las faraonas más importantes de la gloriosa dinastía XVIII, durante el máximo esplendor del imperio.   

4. Amosis I   

En 1881 fue descubierta en la necrópolis de Tebas, Deir el-Bahari, la momia de Amosis I, el fundador de la dinastía XVIII, y su estado de conservador era suficientemente óptimo como para descubrir algunos datos sobre su muerte que arrojaron luz a un período convulso de la historia del Antiguo Egipto.

Por ejemplo, por las heridas encontradas en la momia se sabe que murió durante una batalla contra los hicsos, en un período que ponía fin a treinta años de guerra entre los reyes de Tebas y el rey de los hicsos. El cuerpo estaba vendado y depositado en un sepulcro con el nombre del faraón en escritura jeroglífica. Además, tenía la nariz aplastada, lo que hace pensar que la tumba fue en algún momento objeto de saqueos.

5. Ahmose-Inhapi

Pero sin duda la momia más impresionante de ver es la de la princesa Ahmose-Inhapi, hermana del faraón Seqenenra Taa y de la reina Anhotep que vivió en el ocaso de la dinastía XVII. Su aspecto esquelético y los ropajes que la acompañaban, junto a una guirnalda de flores a modo de collar y las trenzas del pelo le ofrecían un aspecto más que inquietante.

Además, esta princesa que se casó con su hermano y ostentó el título de Hija del Rey y Esposa del Rey, cuenta con el privilegio de aparecer en el Libro de los muertos, la guía de los egipcios para el viaje hacia el más allá. Su estado de conservación era muy bueno, y además, conservaba los órganos pélvicos en su lugar.